
Ella no sabia que la vida era así; siempre habia vivido en una especie de cuento de hadas que ella creia infinito; pobre ilusa! Jamás le habian enseñado que nada es para siempre, incluso lo más duradero, como bien puede ser un sentimiento, acaba muriendo; lo mata el tiempo.
Porque todo es cuestión de tiempo: el amor, la confianza, la espera, la muerte...todo. Pero ella no lo sabia.
Y cada paso que daba miraba atrás, con nostalgia por las cosas vividas, por lo que dejaba, porque su vida estaba sufriendo una metamorfosis y quizás ella no estaba del todo preparada para asumirla así, sin más. Pero la vida pasa, y el tiempo no espera a nadie; quizás si alguien le hubiese mostrado la cara amarga de la vida, si alguna vez hubiese sabido lo que es el desamor, el desengaño, la traición, las burlas; pero nada de eso le habia pasado a ella.
Mientras tanto, ella camina hacia su propio acantilado, con paso tembloroso, con las lágrimas surcando sus mejillas, su boca, su cuello. Todo eso era demasiado para ella, un alma frágil y llena de inseguridades, una chiquilla atrapada en un cuerpo de mujer. Pero avanzaba; lenta pero avanzaba. Nadie le habia dicho que la vida seria asi.
Y llegó al fin de su camino; tenia los peis al borde del precipicio. Miró atrás por última vez y vió su vida como una película; intentó vislumbrar algún instante amargo en su corta existencia, pero no lo halló. todos eran recuerdo felices, donde abundaban las risas, las bromas, los besos, los libros de princesas y los tazones de chocolate caliente.
Y entonces lo comprendió; de repente una sensación que hasta ahora habia sido pánico se convirtió en paz. Cerró los ojos y sintió el aire puro que venia desde el más allá del acantilado; lo sintió acariciando su pelo, haciendo bailar los mechones y enredándolos entre ellos; lo sintió en su cara, secando así todo rastro de lágrimas; lo sintió en sus manos, y abrió los brazos intentando abrazar esa brisa, guardándola para siempre en su piel; lo sintió en sus pies, y se dio cuenta de que esa suave brisa la estaba elevando, dejó de tocar con los piesen el suelo y de repente se sintió liviana. Podia volar. Y entonces aparecieron unas ganas irremediables de saltar a ese vacío, de descubrir que habia más allá. No estaba nerviosa, estaba invadida por una calma inexplicable, y una seguridad en si misma habia aparecido en su interior, haciéndola fuerte, sintiéndose invencible. Y saltó, se arriesgó. Y su valentía por enfrentarse a lo desconocido la hizo libre; y esa libertad de dejarse llevar por la brisa que la mecia, la hizo ser consciente por priemra vez en su vida, de que era feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario